Verano del ’17: Reflexiones sobre el Niño Costero

Foto: Jesús Verde

Foto: Jesús Verde

Ing. Benjamín Cillóniz, presidente de Inform@cción

El verano de 2017 quedará en la memoria de todos los peruanos. Así como hablamos de “El Niño del ´83” y del ´98, ahora hablaremos de El Niño 2017. Después de 20 años, el Perú sufrió lluvias devastadoras, típicas de un evento “El Niño extraordinario”. Paradójicamente, esto se dio sin que se cumplan las condiciones para llamarlo Fenómeno El Niño (ni siquiera débil) y se dio un año después de que un Fenómeno “El Niño fuerte” no generara mayores daños. Ante la falta de un término propio para un evento de esta naturaleza, se acuñó el término “Niño Costero” que trata de ponerle un sustantivo a un calentamiento intenso y localizado del mar por un periodo menor a 3 meses.

Lo que nos deja este “Niño Costero” – además de la devastación ya conocida – es la certeza de que podemos tener lluvias descontroladas sin un Mega Niño y sobre todo sin las alertas que – gracias a las nuevas tecnologías – nos da el conocido fenómeno.

• Niño impredecible

Lo que ahora conocemos como “Niño Costero” llegó sin ningún aviso, es decir fue IMPREDECIBLE; ojalá ya no lo sea en el futuro y, mediante el estudio de las condiciones que se dieron para que esto ocurra, podamos tomar precauciones para un evento similar.
No recuerdo haber escuchado a alguien que, entre julio y octubre de 2016, haya anticipado este tipo de calentamiento y, por ende, éstas torrenciales y muy atípicas lluvias. Para complicar el análisis, están las precipitaciones bajas de fines de enero en la zona sur (Ica y Arequipa principalmente), las cuales no responderían a un calentamiento del mar

Imágenes de anomalías en la temperatura del mar, de noviembre del 2016 a abril del 2017 (click para ampliar)

Fuente: Reanalisis REYNOLDS

• Ordenar prioridades

Hay una serie de acciones relativamente lógicas que no se han considerado, en gran medida por intereses políticos y personales: reforestar cuencas altas, diques y riveras de ríos, reservar agua en partes altas, programas de manejo de basura para evitar que termine en los ríos, no vivir en zonas inundables, etc. Nada de eso vende. No es fácil cuantificar su alcance y beneficios. No son prioritarias para muchos pobladores y por ende no se avanza en ese sentido.

A través de la Asociación “Oportunidades Sobre Ruedas” llevamos más de un año tratando de entender mejor la problemática del país al trabajar con el distrito de Quito Arma en Huancavelica y consideramos que no hemos identificado uno de los mayores retos que tiene el Perú. Nos preocupamos mucho de quién va a ser el próximo presidente, los próximos congresistas y gobernadores regionales – lo cual está bien y es necesario – pero poco nos importa quiénes serán los siguientes dos mil y pico alcaldes distritales y es ahí donde tenemos un problema enorme por resolver ¡Necesitamos dos mil y pico alcaldes con un norte claro, trabajadores, honestos, con vocación de servicio, etc., cada 4 años!

Las medidas antes indicadas no progresarán si no logramos que los municipios distritales se comprometan con ello y va a ser muy difícil lograrlo, ya sea por falta de conocimiento y capacidad, por el desorden de prioridades que se generan a raíz de condiciones de vida muy duras o por la súper enquistada corrupción. No podemos seguir dándole la espalda a esta situación. En mi humilde y empírica opinión, la solución solo se alcanzará cuando los migrantes y pobladores en general reordenemos nuestras prioridades y para eso hay que entender por qué existe tal desorden.

“Necesitamos alcaldes con un norte claro, trabajadores, honestos y con vocación de servicio”

 

Mucho se ha hablado de por qué nuestros antepasados manejaban mejor estas situaciones. Definitivamente tenían otras prioridades y una de las más altas tiene que haber sido el agua. Tanto para tener acceso a ella, como para no quedar debajo de ella. Hoy en día nuestras prioridades son otras: fuentes de trabajo, derecho a poseer algún tipo de terreno que luego se pueda vender, acceso a señal de teléfono e internet, acceso a servicios recreativos y bien lejos quedan la seguridad, salud y educación. Primero nos instalamos en base a lo mencionado líneas arriba y luego exigimos que el Estado nos brinde estos servicios. Eso nos lleva a poblar zonas que son peligrosas. Atractivas en el corto plazo y generalmente planas, con alguna huella de agua que se puede borrar para que no estorbe, sin dueños y fáciles de invadir ¿no será por algo? ¡Efectivamente, por ahí va a bajar el agua y se va a llevar todo lo que encuentre a su paso, otra vez! No me caben dudas.

• Actuar para no lamentar

A partir de este año, hablaremos del Fenómeno El Niño del ´83, el ´98 y 2017 y, si no empezamos a trabajar con los dos mil y pico distritos del Perú, tendremos que sumarle más y más años de inundaciones y lo que será peor aún, tendremos que hablar del terremoto de Lima del año 20XX que nos llevará a uno de los mayores desastres de la historia. Se los aseguro.

Buscar culpables no va a resolver el problema. Sí, es necesario que se castigue a quienes no cumplieron su labor, pero como pueblo tenemos que empezar a actuar. No hay gobierno central que vaya a solucionar esto por sí mismo. Solo se logrará si cada pueblo asume como requisito para su desarrollo ayudar a sus comunidades más pequeñas, que es donde se genera esta migración masiva y desordenada. Para que Lima mejore, sus pobladores y autoridades tenemos que preocuparnos por otras provincias y esto aplica para todas las ciudades y pueblos, independientemente de su tamaño o riqueza. Para mejorar una ciudad, ésta tiene que invertir en otras, haciéndolas más atractivas y evitando así el crecimiento por inercia que tienen las principales ciudades de la costa. Creo que solo de esta manera haremos a todas las ciudades y pueblos peruanos más seguros. Ojalá que la cuenta termine en el verano de 2017.

Foto de portada: Jesús Verde

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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